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El valor de la diversidad en la industria

Daniela Regis tiene nueve años colaborando en la empresa JEMIDA y está convencida de que las mujeres pueden contribuir de muchas maneras al ámbito industrial, pero es necesaria una mayor apertura por parte de los colegas para crear una industria diversa.

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Quienes hemos tenido la oportunidad de interactuar con Daniela Regis, encargada de producción de la empresa JEMIDA en su planta de Atlacomulco, sabemos que pasa sus días corriendo de una tarea a otra, pero también que siempre lleva una sonrisa dibujada en el rostro. Su cordialidad es tal, que hasta cuando te dice que no parece que te acaba de dar una respuesta afirmativa.

Daniela* estudió Comercio Internacional, trabajó algunos años en IBM y, desde 2012 empezó a colaborar en la empresa que fundaron su papá y su mamá hace más de 40 años. En la actualidad, se encarga de supervisar todos los aspectos de la producción de la segunda planta que JEMIDA abrió en Atlacomulco, Estado de México.

Ganarse el respeto y el uso de la palabra

A Daniela la entrevistamos junto con su hermana Mildred y con Flor Silva, una colega de ambas que está a cargo de las operaciones de la primera planta de JEMIDA en la Ciudad de México. Al preguntarles sobre las dificultades que han enfrentado por ser mujeres en una industria con mayoría masculina, las tres comentaron que uno reto frecuente es tener que luchar para ser escuchadas y tomadas en cuenta.

Daniela dice que, al inicio, tuvo que aprender a ganarse el respeto de su equipo de trabajo para realizar sus labores cotidianas, y aunque considera que ya tiene voz en la primera planta, la operación de Atlacomulco le ha traído nuevos desafíos. “Primero pasé por una etapa con los compañeros en producción, pero paulatinamente fuimos teniendo una conexión y cierta dinámica para poder hacer equipo, entonces creo que ya estoy un poco más acoplada y tranquila, pero ahora en la nueva planta me está pasando algo como lo que viví al inicio”, nos comenta.

JEMIDA consiguió un proyecto importante para procesar piezas que antes se hacían en Estados Unidos, y ahora todo el material se galvaniza en Atlacomulco. Para sacar adelante este proyecto, el equipo de Estados Unidos se reúne periódicamente con JEMIDA y Daniela tiene que asistir a esas juntas. “En todas las reuniones, llegamos a la sala de juntas y somos diez hombres y yo la única mujer; y en las conferencias por internet, igual… Entonces, sí cuesta trabajo dar tu punto de vista”.

Daniela percibe que sus colegas acaparan los turnos para hablar y tiene que elegir muy bien lo que va a decir para no desaprovechar la oportunidad cuando logra tener la palabra. “Si quiero hablar, tengo que decir todo de forma muy precisa para ser escuchada y dar exactamente el mensaje que quiero transmitir, porque es difícil hablar. Es como: hay una mujer ahí y es como sí ni estuviera, entonces, todavía tengo que ir rompiendo esas barreras”, señala.

Daniela Regis con sus compañeras en la planta de JEMIDA en Atlacomulco.

Otra de las dificultades que se le presentan tiene que ver con discusiones sobre las características que deben cubrir las piezas tratadas, pues a pesar de que se empeña en que la producción cumpla cabalmente con la normativa de la industria, hay clientes que dudan de su capacidad para evaluar el material.

Incluso, Daniela refiere que hay quien le ha llegado a decir que “no sabe de lo que habla”, por lo que ella opta por remitirse a las pruebas de calidad y a las normas. “Yo les digo que todo lo hacemos de acuerdo con las normas de la galvanoplastia, que es como debe hacerse; pero es complicado tratar de demostrar sí sé o no sé, porque no se trata de eso, sino que hay hechos, pruebas y documentos de lo que estamos haciendo”.

En este punto, la profesional reconoce que es un reto personal enfrentarse a una abrumadora mayoría masculina, por lo que ha hecho mucho trabajo interior para no sentirse agobiada. “He tenido que practicar para ir rompiendo con esos obstáculos, porque a lo mejor también es algo cultural, pero hay que practicar y analizar si yo misma me pongo el obstáculo para poder entrarle de forma más relajada a estos temas”.

Habilidades femeninas para crecer como industria

A pesar de que Daniela sigue batallando con algunos colegas y clientes para que entiendan que su trabajo se realiza con apego a las normas de la industria, ella está convencida de que las mujeres han estado haciendo aportes valiosos en el mundo de los acabados de superficie, y uno de esos tiene que ver con involucrar más y mejor a todo el personal en cada una de las fases del proceso, explicándoles por qué es importante hacer bien las tareas.

“Creo que la mentalidad masculina y la femenina son complementarias. Nosotras tenemos esa parte de responsabilidad, de creatividad, y también de transmitir la importancia del trabajo que se está haciendo. Nos completamos en esa parte sensible, de explicar la importancia que tiene el que hagas correctamente tu trabajo, que le des el espesor que tiene que ser. Explicar a dónde va la pieza que haces es darle otra visión al trabajo. Siento que eso lo transmitimos para que el ambiente laboral sea distinto. La parte femenina ayuda a la industria y ayudaría que fuéramos más mujeres para tener mejores resultados”, afirma.

Cuando le preguntamos qué le gustaría poder cambiar con relación a las mujeres en este mundo, responde sin dudar: “Me gustaría poder comunicar a todas las mujeres que podemos hacer muchas cosas, que es divertido, y que podemos utilizar nuestras habilidades en muchos campos para mejorar, porque somos muchas, con diferentes carreras, y podemos abarcar distintas áreas para mejorar en todas las industrias. Si sumamos a más mujeres, creo que la industria daría un giro más fuerte”.

A la pregunta de si la industria de acabados es amigable con las mujeres, Daniela no duda en responder: “Sí, sí, definitivamente. En todo el proceso intervienen manos de mujeres: desde la persona que hace los análisis químicos para mantener las concentraciones, la persona que da servicio al cliente y lo hace sentir en confianza, hasta el servicio técnico. Creo que sí es una industria noble para la inclusión de más mujeres”.

Para ella, resulta importante recordarle a todo el mundo que las mujeres son capaces de desempeñar cualquier tarea. “Esto es cultural también. Una mujer no nada más ve temas de belleza. ¡No! Una mujer le puede entrar a todo. Hay que cambiar ese chip desde la escuela. Podemos reparar una máquina, pero como tenemos ese estereotipo de la niña bonita y bien vestida, esas barreras culturales nos afectan”. 

Y para darle la vuelta a los estereotipos, nada mejor como la educación, dice Daniela. “A mí me gustaría que realmente nos capacitaran, poder entender cuál es realmente la diferencia entre mujeres y hombres, para que nos entendiéramos y acoplarnos entre géneros. Creo que con esa sinergia podríamos volvernos más intuitivos y sensibles”.

 

* Solemos referirnos a las y los profesionales por su apellido a lo largo de nuestros textos, pero en el caso de Daniela y Mildred Regis usaremos su nombre de pila para evitar confusiones.

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