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Detrás de nosotras vienen niñas y jóvenes con el sueño de ser ingenieras

A pesar de su corta carrera en la industria de acabados, Flor Silva está lista para hacer contribuciones y mejorar los procesos que realiza JEMIDA, la empresa en la que comenzó a colaborar desde que terminó sus estudios. Aquí nos cuenta cómo ha logrado ganar esa seguridad.

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Flor Silva es una joven profesionista que estudió Ingeniería Químico Industrial, y actualmente es la encargada de producción y control de procesos en la planta que tiene Recubrimientos JEMIDA en la Ciudad de México, donde lleva colaborando desde 2017.

Silva se incorporó como parte del equipo de esta empresa justo después de terminar la escuela superior, y su primera impresión fue que “había compañeros que estaban muy renuentes a que una mujer, y sobre todo joven, entrara a hacerles ajustes de líneas, ajustes de parámetros”, comenta en una videoentrevista colectiva junto con Mildred y Daniela Regis, quienes son sus colegas en la empresa.

Esta profesional, tuvo que sumar la presión de una mayoría masculina al miedo natural que toda persona recién egresada experimenta frente a sus nuevas responsabilidades. “Al inicio principalmente fue miedo. Miedo a no saber si iba a poder cumplir con las tareas y al rechazo de mis compañeros por el simple hecho de ser mujer”.

La estrategia de Silva para superar esos miedos y la resistencia de sus colegas fue buscar el diálogo y recordarles que todas las personas de una empresa buscan el mismo fin. “Poco a poco fui hablando con ellos, y empezaron a ver cómo me desenvuelvo, cómo tengo el conocimiento y que, evidentemente, también necesito de los demás, de su cooperación para que se pueda cumplir el objetivo que tenemos en común. Así se fue dando la apertura en cuanto a la parte operativa”.

Incursionar en todos los proyectos

Esta ingeniera notó también que el trato de sus colegas restringía su desempeño, por lo que buscó darle la vuelta a la situación. “Siempre está el miedo de que no quieren que hagas el trabajo, porque no me recibieron de la misma forma en la que, quizás, habrían recibido a un hombre. Eso me detenía de hacer propuestas o generar ideas nuevas y me tenía un poco limitada, pero cuando se empezó a abrir el diálogo, se dieron cuenta de que lo que aportamos es positivo y nos ayuda a todos a crecer y avanzar”.

Estas experiencias han generado en Silva una reflexión constante sobre las aportaciones que hacen las mujeres al mundo del trabajo. “Por todo el rezago que hemos tenido, creo que las mujeres como género estamos ahora con más ganas de ser vistas, de que nuestras ideas sean escuchadas, de que nuestras planeaciones sean objetivas y de colaborar más”.

Una manera de incrementar la visibilidad femenina dentro de la industria, señala Silva, es “incursionar en todos los proyectos que nos sea posible y buscar mejores alternativas, porque cuando ya te sientes parte del grupo, parte de la organización como tal, y ya puedes alzar la voz, puedes generar nuevos proyectos y hablar de tus propuestas porque ya soltaste las limitaciones y no quieres vivir con ellas”.

La inteligencia no depende del género

Esta ingeniera considera que tuvo suerte al comenzar su carrera dentro de JEMIDA, pues es una empresa donde la presencia femenina ha venido cobrando fuerza en los últimos años. “Actualmente trabajamos varias mujeres aquí. Hay algunas cabezas femeninas en la parte de recibo de material, otras en producción, otras más en laboratorio y también en inspección final. Esto quiere decir que podemos entrar en todas las etapas del proceso de recubrimiento”.

Silva aprecia especialmente la confianza que la empresa depositó en ella como persona y en sus capacidades. “Recubrimientos JEMIDA me dio la oportunidad de trabajar aquí y me siento de verdad muy afortunada y agradecida por ello. Nuestro trabajo demuestra que realmente no hay límites, que como mujer puedes realizar varias actividades y creo que a medida que se reduzca la brecha entre hombres y mujeres se darán más oportunidades”.

Desde su perspectiva, la creciente presencia femenina en la industria permite romper el viejo paradigma de que el mundo industrial no es para ellas. “Trabajamos para empresas que tienen que ver con giros como el eléctrico o el automovilístico, pero nosotras también sabemos de carros, también sabemos cómo es un proceso electroquímico y conocemos cómo se hacen los acabados porque la inteligencia no depende del género”.

Un cambio pensando en las que vienen

La corta pero intensa trayectoria profesional de Silva le ha enseñado muchas cosas que le gustaría dejar como aprendizaje para las generaciones de mujeres que vienen, para quienes desea “que no tengan que volver a echarle talacha para ganarse un lugar, sino que puedan llegar a un lugar de forma directa porque ya hubo quién les abrió el camino. Porque atrás de nosotras vienen más niñas, más jóvenes con sueños de ser ingenieras, con sueños de ser parte de una industria, con sueños de conocer los procesos. Creo que cada vez hay más gente con ganas de prepararse, de entrar a la parte industrial. El hecho de que poco a poco se vaya abriendo el camino a otras mujeres permite que las que vienen atrás ya no batallen, y no encuentren los mismos obstáculos que nosotras”.

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