01/06/2020 | 10 MINUTOS DE LECTURA

La cruzada contra la corrosión en México

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La AMEGAC trabaja para crear una cultura contra la corrosión en México, a fin de proteger la infraestructura pública y privada, y lograr ahorros para la economía en su conjunto.

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La AMEGAC lleva 20 años trabajando en México para crear una cultura contra la corrosión.

Desde hace más de dos décadas, la Asociación Mexicana de Galvanizadores (AMEGAC) libra una batalla casi épica contra la corrosión en México, en particular, contra la que se genera en las obras de infraestructura públicas (puentes, carreteras, edificios, postes de luz, y un largo etcétera), pero también en las obras hechas con capital privado, ya que todas podrían evitar el deterioro y garantizar su integridad por décadas si, desde su planeación, se incluyeran medidas para protegerlas contra la corrosión como el uso del galvanizado por inmersión en caliente.

A nivel mundial, las pérdidas económicas provocadas por la corrosión podrían ascender a 2.5 billones de dólares, es decir, el equivalente a 3.4% del PIB mundial durante el año 2013, según la National Association of Corrosion Engineers (NACE), también conocida como la autoridad mundial sobre corrosión. Este organismo agrega que, de utilizarse las prácticas de control de corrosión disponibles, podría ahorrarse entre 15 y 35% de los costos que genera la corrosión, lo que representa entre 375 y 875 mil millones de dólares anuales en todo el mundo.

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Los costos asociados a la corrosión equivalente a 3.4% del PIB mundial.

Por si fuera poco, NACE afirma que los costos estimados que genera la corrosión, por lo regular “no incluyen la seguridad individual o las consecuencias ambientales”, y agrega que los accidentes y los paros forzosos han motivado que varias industrias se den cuenta de que “la falta de gestión de la corrosión puede ser muy costosa y que, a través de una gestión adecuada, se pueden lograr ahorros significativos en la vida útil de un activo”. Por ello, a fin de materializar estos ahorros, la organización propone implementar una gestión de la corrosión mediante Sistemas de Gestión de la Corrosión.

En nuestro país, la AMEGAC trabaja para promover una cultura que combata la corrosión, y sus costos asociados mediante el uso del galvanizado por inmersión en caliente y a través de la creación de redes internacionales de conocimiento, investigación y gestión con instituciones académicas, privadas y de gobierno.

Sector de la construcción: terreno fértil para la corrosión

La construcción es un sector de especial interés para la AMEGAC, pues este ámbito es particularmente fértil para muchos de los problemas de corrosión que podrían prevenirse con un plan de gestión adecuado. “Uno de los materiales más importantes de la industria de la construcción es el acero, pero si no lo proteges empieza a corroerse. La corrosión es terrible en ciertos casos, por ejemplo, en un puente peatonal construido con varilla y concreto no se ve la corrosión de la varilla; sin embargo, puede empezar a tener problemas de corrosión. Hace tiempo se cayó en Tlalnepantla un puente peatonal y mató a dos personas. Por eso es tan importante prevenirla”, explica Noé Lara, gerente general de AMEGAC.

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La industria de la construcción es particularmente fértil para muchos de los problemas de corrosión que podrían prevenirse con un plan de gestión adecuado.

A decir de este experto, los mexicanos percibimos la corrosión como algo inherente al paisaje de nuestras ciudades, lo que habla de lo mal que protegemos nuestra infraestructura. “Si sales a la calle vas a ver corrosión en varias partes, y lo ves como algo normal, pero si vas a Europa o a Estados Unidos, no vas a ver tanta corrosión simplemente porque la gran mayoría del acero que utilizan en infraestructura urbana va galvanizado, es decir, hay una cultura de proteger al acero y proteger también a las personas. Esa cultura es la que estamos tratando de inculcar en el país”, comenta.

Los mexicanos percibimos la corrosión como algo inherente al paisaje de nuestras ciudades, lo que habla de lo mal que protegemos nuestra infraestructura.

La falta de protección a la infraestructura ocurre a pesar de que México es un país rodeado de mar, pues hacia el Este limita con el Golfo de México y hacia el Oeste con el Océano Pacífico, por lo que cuenta con un extraordinario litoral de 11,122 kilómetros que se extienden a lo largo de 17 de los 31 estados de la República.

Con tanta agua salada, lo natural sería que buscáramos proteger nuestras construcciones, al menos en las ciudades cercanas al mar, pero eso tampoco sucede. Según Emmanuel Ramírez, encargado de Servicios Técnicos de AMEGAC, de AMEGAC, buscaron averiguar con distintas constructoras el tiempo de vida útil que le daban a sus edificios y muchas respondieron que alrededor de 15 años, “lo que es menos del tiempo que le va a llevar a un mortal pagarlo, y cuando estás a punto de pagarlo, ya se deshizo tu estructura, entonces, creemos que hay un súper campo de oportunidad”.

De manera similar, Lara recuerda que en Veracruz le tocó ver casas que quedaron abandonadas a causa de la corrosión. “Es un problema muy serio, porque la gente no tiene consciencia de la importancia de proteger sus estructuras, de proteger el acero, y así lo dejan. Muchas veces hasta el mismo arquitecto hace los cálculos y simplemente no incluye el galvanizado, y como la gente no sabe, confían en lo que diga el arquitecto. En Alemania, en cambio, ingenieros y arquitectos contactan a los expertos en corrosión para elegir la mejor protección”.

Techo del Acuario de Veracruz protegido con el sistema dúplex que consiste en una capa de pintura que ofrece protección extra al acero galvanizado.

“Evangelizar” para crear una nueva cultura

La ausencia de una cultura de prevención, incluso entre los expertos en construcción, así como la presión por disminuir costos, son algunos de los principales obstáculos que enfrenta la AMEGAC para convencer a los profesionales de integrar el galvanizado por inmersión en caliente en sus proyectos, a fin de garantizar la seguridad de sus obras y su permanencia en el tiempo.

Por ello, una de las principales líneas de trabajo de la asociación es “evangelizar” a los estudiantes de arquitectura sobre las ventajas del galvanizado, para lo cual mantienen una campaña de información permanente en redes sociales y van a dar charlas a las escuelas, de forma que “cuando ya sean profesionistas, tengan muy claras las ventajas de usar el galvanizado. También trabajamos en eventos y expos donde esperamos que vayan arquitectos y gente involucrada en la construcción”, comenta Ramírez.

Otro argumento de la AMEGAC para motivar a los constructores a integrar el galvanizado es que las obras perduren, pues según esta asociación hay estructuras con más de 100 años y se calcula que podrían tener otros 100 años más de servicio. “Les decimos a los arquitectos: imagina que quizás haya una construcción que les dura 15 o 20 años y ya se les cayó, pero con la tuya pasaron 80 años y tus descendientes dicen: ‘Mira, esa construcción la hizo mi tío, mi papá o mi abuelito y ahí sigue’. Tratamos de convencerlos de que su obra perdure a través de los años y que quede como ejemplo de algo bien hecho, pero nos ha costado trabajo. La asociación tiene 21 años trabajando en esto y hemos avanzado muy lentamente”, lamenta Ramírez.

Un argumento de AMEGAC para motivar a los constructores a integrar el galvanizado por inmersión en caliente es que las obras perduren, pues hay estructuras con más de 100 años y se calcula que podrían tener otros 100 años más de servicio.

La cultura de protección que promueve AMEGAC contempla el desarrollo sustentable pues, a decir de Ramírez, “el zinc y el acero son recursos no renovables, por lo que consideramos irresponsable exponer la infraestructura y dejar que el acero se corroa y se oxide, ya que producir acero para renovar el que ya se deterioró conlleva el consumo de recursos naturales y la generación de contaminantes como gases de efecto invernadero, por lo que es muy importante crear esta cultura de galvanizado”.

El poder de la normatividad

Dado que la evangelización —que supone una toma de consciencia para modificar actitudes— ha probado ser una ruta que funcionará en el largo plazo, la AMEGAC también trabaja para influir en la creación de normas que vuelvan obligatoria la prevención de la corrosión para la infraestructura pública que contrata el gobierno mediante el uso del galvanizado por inmersión en caliente y otras formas de protección eficientes.

“Cuando se trata de infraestructura pública, uno de los requisitos para impulsar una Norma Oficial, es que la vida de las personas esté en riesgo, como en el ejemplo que mencionamos del puente que colapsó, aunque también se han caído espectaculares y otras estructuras. Eso es preocupante porque debería haber normas que garanticen la protección a la infraestructura del país por muchísimos años”, apunta Ramírez.

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Pared del tiburonario del Acuario de Veracruz recubierta con el sistema dúplex.

Para Lara, la gran diferencia de México con respecto a los países europeos es que “ellos tienen una cultura de prevención, están acostumbrados a proteger el acero y saben que siempre será mejor especificar acero galvanizado, pero en nuestro país, sólo la Comisión Federal de Electricidad y la Secretaría de Comunicaciones y Transportes lo especifican por norma, de manera que todas las torres de transmisión de electricidad van galvanizadas. La SCT tiene una Norma Oficial para las defensas de carretera y la norma de referencia de PEMEX, para andamios, recomienda utilizar acero galvanizado”.

“En México los departamentos deciden la compra por precio y el producto más caro normalmente es el de acero galvanizado, pero no toman en cuenta la vida útil del producto ni los costos de mantenimiento, y menos aún los costos indirectos ocasionados por reparaciones.”

Mientras las normas mexicanas no obliguen a proteger la infraestructura contra la corrosión, las cosas cambiarán poco o nada, afirma Lara, ya que: “en México los departamentos deciden la compra por precio y el producto más caro normalmente es el de acero galvanizado, pero no toman en cuenta la vida útil del producto ni los costos de mantenimiento, y menos aún los costos indirectos ocasionados por reparaciones”.

Cuestionado sobre si bajo el actual gobierno, que se ha caracterizado por su austeridad en el gasto público, resulta pertinente plantear obras de infraestructura más caras, Lara responde: “nosotros pensamos que cuando se tienen pocos recursos para invertir es cuando más tiempo tiene que durar la infraestructura, ya que, en ocasiones, a los 40 años la obra se encuentra tan deteriorada que hay que demolerla y construir una nueva, de manera que es indispensable calcular el costo total a 50 años de vida útil para poder tomar una buena decisión en favor del usuario y de los recursos públicos”.

Falta de proveedores o el dilema del huevo y la gallina

Una dificultad más para adoptar el uso del galvanizado por inmersión en caliente en el ámbito de la construcción es que en México no existen muchos sitios que realicen este proceso. La AMEGAC calcula que hay apenas 30 empresas que se dedican a ello, de las cuales cerca de 40% galvanizan solamente sus productos, como los fabricantes de postes troncocónicos o de las torres de transmisión, y no ofrecen el proceso a terceros. Hay otras empresas especializadas, como las de herraje eléctrico, que no ofrecen maquila y quizás haya otras 15 empresas más que galvanizan todo tipo de material.

“Esas últimas no son muchas —comenta Lara— y es donde se inicia la gente para probar el proceso de galvanizado por inmersión en caliente, y son pocos los estados que las tienen. Las ciudades con más galvanizadoras son Tijuana, Monterrey y Guadalajara y en el Sur y Sureste hay estados como Yucatán, Tabasco, Chiapas, Oaxaca y Guerrero que no tienen ninguna. Ni siquiera Puebla tiene una”.

“El cliente más importante es el gobierno, entonces, tenemos que convencer al gobierno de que toda la infraestructura que ellos ponen sea galvanizada”.

A la pregunta de cómo resolver el dilema de si crear primero las empresas que ofrezcan el galvanizado para hacer crecer la demanda, Lara responde que es necesaria una labor muy fuerte para convencer a los empresarios y que inviertan en las galvanizadoras, pero también hay que trabajar con las autoridades.

“El cliente más importante es el gobierno, entonces, tenemos que convencer al gobierno de que toda la infraestructura que ellos ponen sea galvanizada y, una vez que se logre, se cuantifican las toneladas y se instala una galvanizadora de acuerdo con la necesidad de ese lugar, para garantizar que resulte la inversión; ya que la inversión es riesgosa, por lo que es necesario que el gobierno apoye a ese tipo de empresas”, asevera.

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